Ñami punchayakun

 

© Manuel Palacios, Tayos caveman

Ñami punchayakun, en lengua Kichwa significa “Ya está amaneciendo, o ya está aclarando el día”, y comparto esta frase, porque es justamente lo que este viaje significó para mí: Un amanecer

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En la primera semana de Noviembre, tuvimos la oportunidad de  viajar a una comunidad Kichwa en cerca del Parque Nacional  Yasuní. Lo hacíamos junto a Omar Guevara, investigador y amigo, con la finalidad de estudiar in-situ, como es nuestro sello, sobre las especies de la fauna acuática que habitan el río Curaray y su afluentes.

El Curaray es un río que atraviesa el oriente ecuatoriano, por la provincia de Pastaza y que en su curso inicial surca las localidades de Curaray y Cochaquingu. En territorio  peruano discurre por las llanuras del departamento de Loreto. Quizás una de las noticias impactantes relacionadas al río Curaray en la década de los 50 fue el “Caso Palm Beach” en el que cinco misioneros evangélicos fueron asesinados por indígenas Huaoranis, mientras  se intentaba cristianizarlos. Hay que recalcar que habían sido advertidos en innumerables ocasiones de lo peligroso que sería el proceso de evangelización de estos pueblos que han elegido, no por barbarismo ni por influencias demoníacas como se pretende, sino por una firme convicción de permanecer fieles a sus costumbres, tradiciones y procesos.

Nuestra travesía empezó en Guayaquil, desde donde nos dirigimos a Ambato, teniendo como testigo la solemnidad del Tungurahua, que enviándonos buenas vibraciones lucía majestuoso, en un cielo despejado como el que pocas veces hemos podido presenciar atravesando los Andes,   luego del viaje de aproximadamente 7 horas arribamos a la ciudad de Puyo, en la Provincia de Pastaza. Luego de abastecernos de víveres y pernoctar en el lugar, avanzamos hasta el destacamento militar de Shell, desde donde a través de la empresa Aerokashurko emprendimos un viaje en un monomotor denominado “Barbie” por el color rosado con el que había sido pintado.   El viaje en avioneta es quizás el único medio rápido de acceder a estas comunidades, ya que la travesía utilizando el río requiere de al menos 12 horas de viaje.

Recorrer esa marea verde de árboles, sometidos a las inclemencias del tiempo, la altura, el viento, nos hace apreciar mucho más nuestra vida y la de las personas que comparten nuestra vida. Y comprendí por qué  mi esposa se frustra tanto con mis viajes, su preocupación, y pensé en mis pequeños hijos, pero sobre todo entendí que un hombre sabio nunca deja de ser padre para ser investigador, ni deja de ser investigador para ser padre, pero el equilibrio debe existir.  Al final el real significado  de mi trabajo, es poder contribuir a la Historia de nuestro continente y dejar un legado que continuarán otros, no estoy descubriendo el agua tibia, pero al menos no me conformo con la historia de los libros, la historia que excluye la de los pueblos “oprimidos”. 

 

 

Luego del vuelo de 40 minutos, luego de los cuales se aterriza en una pista improvisada en medio de la selva, nos encontramos con nuestro guía, un Kichwa amazónico quien nos comentó de sus vicisitudes y alegrías de vivir una vida alejada de la televisión,  del dinero, de los alimentos enlatados, de las preocupaciones, de los médicos y sus venenos y de las promesas de los políticos de turno.

 Luego de ser invitados a degustar la tradicional chicha y de comer frutas, nos dirigimos a nuestras tareas de investigación en las proximidades del parque nacional Yasuní, cuya historia y proyectos invitamos a profundizar a los lectores de este informativo, ya que sería muy largo hacerlo ahora. Recorrer el Curaray fue una experiencia que me dejó literalmente “con la boca abierta”, al punto de tragarme un insecto que volaba raúdo y sucumbió en mis fauces.

Pasamos lo que quedaba de la noche poniendo trampas y recolectando peces, algunos de los cuales llevaríamos, los extremos cuidados a los que fueron sometidos lograron que la tasa de supervivencia sea muy alta.  Los peces que no sobrevivieron, los utilizamos para preparar una deliciosa sopa con fideos, acompañándolas de verde, yuca y agua del río. A propósito de esto, nuestro guía nos hizo sacar agua para beber y cocinar de una zona específica, a simple vista se veía llena de palos, oscura y no bebible, pero otra cosa fue tomar una bocanada de este elíxir mágico, agua fresca, llena de vida trayendo consigo la sabiduría de la tierra, del agua, del aire, agua que nos brinda la naturaleza como un regalo. Compartir el agua y los alimentos con nuestros hermanos indígenas, aderezados con historias de boas gigantescas atravesando el río, jaguares y animales mitológicos, fue una experiencia maravillosa.

De acuerdo a estudios científicos, el Parque Nacional Yasuní ubicado entre las provincias de Orellana y Pastaza, es la región de mayor diversidad biológica del mundo, todo esto en una extensión de protegida de 982.000ha.  Es uno de los Refugios de Vida del Pleistoceno  formado durante los cambios climáticos drásticos que tuvieron lugar en el período cuaternario. En este período hubo una alteración entre climas secos y húmedos, en los que las selvas amazónicas crecían o se encogían. En los períodos secos, se formaron islas de vegetación que sirvieron de refugio de especies de flora y fauna, y que constituyeron centros de formación de nuevas especies.  El de especies vegetales arbóreas, es considerada como la más diversa del mundo, la cual se extiende desde el occidente del Ecuador y el noreste de Perú hasta el Brasil. 1762 especies de árboles y arbustos han sido descritas en el Yasuní, más de 366 de ellas no han sido clasificadas aún por la ciencia occidental (debido a cambios taxonómicos, nuevos registros para el Ecuador y nuevas especies para la ciencia). La “Zona Intangible” no ha sido bien estudiada, pero otras 116 especies de árboles han sido recolectadas en zonas aledañas. Por lo que se estima que en el Yasuní podrían haber unas 2.244 especies de árboles y arbustos.  Es uno de los lugares más diversos de aves en el mundo, donde se han registrado 567 especies. Protege cerca del 40% de todas las especies de mamíferos de la cuenca amazónica. Así mismo mas de 100 especies de anfibios y 83 especies de reptiles documentadas. Así como una inmensa diversidad de peces de agua dulce con 382 especies y con más de 100 mil especies de insectos por hectárea.  Este alto porcentaje es notable considerando que los 9.820 kilómetros cuadrados del parque son una miniatura frente a los 6’683.926 kilómetros cuadrados que tiene la cuenca amazónica.

Volviendo a nuestro diario de viaje, esa noche acampamos en una pequeña isla formada con los sedimentos en medio del río, armamos el refugio, cortando 4 maderos largos secos, y luego poniendo una lona encima, por si acaso lloviera durante la noche, armamos unos pequeños mosquiteros que servirían solo para mantener protegida nuestras cabezas y luego de eso sacamos las bolsas de dormir, eran las 8 de la noche, muy temprano para quien esté acostumbrado a permanecer hasta la medianoche viendo televisión, divirtiéndose; pero tarde para alguien que debe levantarse a las 3 de la madrugada para alistar los anzuelos, los trasmallos y la canoa para a más tardar salir a las 5 en las faenas de pesca, que es la principal actividad de los habitantes de las comunidades del Curaray.  Tuvimos suerte en esa mañana, y al revisar las trampas que se habían puesto la noche anterior nos encontramos con feroces pirañas, peces gato, machetes, entre muchas otras variedades. Al volver nuevamente al campamento improvisado descubrimos pisadas y excremento de capibaras que nos habían visitado de noche, y las huellas de algún depredador que no supimos identificar. Fue un momento clave en que nos sentimos protegidos por la Núwa, la selva. Eramos insignificantes frente a la inmensidad de la selva, al caudaloso río y sin embargo nos sentíamos abrazados por el espíritu de la naturaleza. Estábamos allí para aprender. Y aprendimos.

Categorías: Uncategorized | 2 comentarios

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2 pensamientos en “Ñami punchayakun

  1. Maryvel Idrovo

    Que genial!!!! me recuerdas a un viaje que hice hace mucho tiempo al Yasuní, justamente con el Antropólogo Dr. Enrique Vela Perez, que era mi jefe y amigo, que contaba por el área algunas historias, si sabes algo de el.. por favor cuéntame. Tomé agua del rio, me deleité con esa hermosa música de la naturaleza y recibí el regalo de una gran luz, que podría ser una estrella fugas, pude ver el cielo mas grande que el cielo de mi Quito talvez por que no estaba guardado por las hermosas montañas……en fin, ésta es tu historia no la mia.

    Con tu relato he recordado ésto y mucho mas, he completado mis pensamientos con los interesantes datos entregados seguro que lo voy a compartir con mis amigos, Gracias🙂

    Maryvel.

  2. OJALA PRONTO PUEDA HACER UN VIAJE ASI DEBE SER MARAVILLOSO ESTAR EN LA INMENSIDAD DE LA SELVA COMO HOGAR TENIENDO UN CIELO HENCHIDO DE ESTRELLAS COMO TECHO Y LA MAGISTRAL MUSICA EN EL SILENCIO DE LA NOCHE DE TODO LO QUE HABITA EN EL UNIVERSO……………….

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