Viñajei Tayu

© Manuel Palacios – Todos los derechos reservados

Prohibida la reproducción de texto o fotos sin permiso del autor

En septiembre del 2010, fui invitado por el prestigioso canal de televisión ecuatoriano, Teleamazonas TV, a través de la productora del programa Día a Día, a partipar en calidad de asesor de contenidos y experto en el tema, para visitar las cuevas de los Tayos.

A principios de los años 70, Erich Von Daniken puso a la provincia de Morona Santiago (Ecuador) en la mirada pública, cuando afirmara en su libro “Gold of the Gods” que Juan Móricz lo habría llevado a conocer y fotografiar la biblioteca metálica. La Historia es muy diferente, me remito al libro “Historia documentada del Descubrimiento de las Cuevas de los Tayos” del Dr. Gerardo Peña Matheus, para quienes deseen profundizar en el asunto.

Para bien o para mal, a partir de entonces se inicia una avalancha de visitantes, que desean en su mayoría, tan solo una historia para sus libros; otros, evidencia para coordinar futuras expediciones en búsqueda de tesoros, por personajes disfrazados de hippies con oscuras intenciones, en incluso expediciones botánicas con intereses ajenos a las plantas. Un dato interesante es que en la década de los 80, había viajes de Turismo a las Cuevas de los Tayos que salían desde Cuenca y eran coordinados por Stanley Hall.

Durante la expedicion del 76, se fotografiaron cientos de rollos del interior de las cuevas, así mismo se tomó video que podría haber servido de testigo de la estructura geológica del interior, así como esclarecer las actividades del grupo de científicos ingleses acompañados de los militares escoceses. Sin embargo en propias palabras de Stan Hall: “Preferiamos botar al rio el video antes que entregárselo a los ecuatorianos”; cuando Jaime Rodríguez, autor del documental Tayos, un mundo intraterrestre, le interrogó acerca de esta declaración de las tropas escocesas, Hall solo respondió: “Orgullo escocés”

La evidencia fotográfica obtenida desde el 2004 por diferentes medios, especialmente a partir del 2009  Gerardo Peña, era intrigante pero a la vez insuficiente; por tal motivo habíamos intentado en algunas ocasiones obtener financiamiento para ir en una expedición actual. Fuimos así felicitados por el presidente de la republica ecuatoriana, Ec. Rafael Correa a través de su secretario ejecutivo y exhortados a asistir a una reunión en Quito, para coordinar con el Ministerio de Patrimonio Cultural, los pormenores de nuestro trabajo en relación a la neoarqueología, la colección Crespi, las comparaciones lingüísticas y el deciframiento epigráfico, que nos acercaría a entender que algunas de las petroglifos cercanos a las cuevas son en realidad mapas del interior de la tierra. Lastimosamente la ausencia de un título académico que respaldara mis conocimientos, frenó en gran medida cualquier proyecto futuro.

En esta ocasión conocimos a los miembros del grupo Isaminas, con quienes compartí lo que sabía, y en quienes quedó la iniciativa de ponerse en contacto con Teleamazonas, quienes, coincidentemente, estaban planeando un proyecto en el mismo tema.

Nos reuniríamos luego en Quito con el productor de Día a Día, David Romero, y asesoramos respecto a los temas a tratarse, se coordinó una serie de entrenamientos que iban a ser dirigidos por miembros de las fuerzas armadas. Lo entrenamientos iban a ser enfocados en descenso en rapell, ascenso de montaña y supervivencia.

Desde el momento en que se me invitó, hice extensiva mi convocatoria a Juan Pablo Toral hijo de Jorge Toral Ordoñez, colaborador y amigo de Móricz, quien tiene un libro inédito llamado “De la Atlántida a las Cuevas de los Tayos”, material que he ayudado a editar y corregir en compañía de Francisco Toral. La invitación a Juan Pablo fue un homenaje al infatigable trabajo de su padre, a quien la muerte lo había sorprendido en circunstancias misteriosas hacía pocos años en España.

Viajamos hasta Quito y junto a los expedicionarios y el equipo militar de la ciudad capital, nos embarcamos rumbo al destacamento de Shell, donde seríamos entrenados por los Iwias, aguerridos guerreros nativos, que han servido heroicamente al país debido a su experticia en la selva. En esta expedición, conformada 100% por ecuatorianos, los shuaras serían los estrategas. En Décadas anteriores solo eran los cargadores y guías de la selva, ahora eran quienes decidían nuestros destinos.

El capitán Flores, instructor del destacamento, nos dio la bienvenida, nos dio una charla de introducción y luego se me invitó a compartir con ellos una charla informativa sobre mis descubrimientos lingüísticos y epigráficos. Al día siguiente participamos de un ritual de protección a cargo del uwishin (shaman) Awá, quien nos preparaba espiritualmente para el entrenamiento y la expedición a Tayos.

Fuimos al patín, ubicado a 40 metros de altura, desde donde íbamos a realizar el entrenamiento de rapell. Había en nosotros una mezcla de sentimientos, algo de recelo por la altura y de que nuestro descenso dependiera de una delgada cuerda, la inmensidad de la selva en el horizonte, una leve garúa que nos vivificaba y la alegría de saber que estábamos dando un paso mas.

No voy a mentir y decir que mi técnica de descenso fue perfecta, tengo una lesión en el hombro que limita mi movilidad y esto fue evidente al intentar el ascenso. Luego de otro día de entrenamiento en la que me desempeñé mejor, salimos rumbo a Patuca, desde donde viajaríamos en un helicóptero Super Puma hasta la propiedad del actual custodio de las cuevas, con quien hubo empatía y se inició una amistad que perdura hasta hoy, al igual que con otros miembros de la comunidad, y de la dirigencia shuar.

Departimos durante la noche  bebiendo chicha de yuca mascada y escuchando a Susana, la esposa de nuestro anfitrión, contar historias que para muchos suenan a fantasía pero para ellos son su legado ancestral. Así supimos como Sunki, el/la dios-a de las aguas envió un diluvio que tiene mucho relación con el diluvio relatado en las tablillas sumerias. Supimos del origen reptiliano de los shuaras, y sobre la existencia de seres espirituales y materiales al interior de las cuevas, especialmente de uno, llamado Iwianch o demonio.

Al día siguiente, luego de desayunar, y luego de ser bendecidos con los cánticos de Susana, emprendimos la caminata hasta la entrada de las cuevas, con nuestro equipaje, alimentos y el equipo espeleológico a cuestas, que en total sumaba mas de 70 libras. El sol era abrasador y ya que la madrugada anterior había llovido, lo cual es típico en la selva amazónica, la humedad nos envolvía, el lodo y el peligro de caerse por la ladera , constituía en una proeza cada paso que se daba. Llegamos hasta la entrada a las cuevas, y nos ubicamos en posición de seguridad.

Los comandos iwias, expertos en el área (descienden 2 veces al año con medios rudimentarios a cosechar tayos) se encargaron de poner un tronco resistente en el boquete y ubicar todos los mecanismos de seguridad para iniciar el descenso. Así lo fueron haciendo cada uno de los expedicionarios, hasta que tocó mi turno. Me ví frente a un orifico, donde no se percibía más allá de unos cuantos metros, e inicié el descenso. La roca era muy resbalosa e irregular, lo cual me obligaba a impulsarme con los pies para lograr el descenso. Dentro de mi repetía a manera de mantra el canto que me habían enseñado: Tayu, Tayu, viñajei. Mi temor a las alturas se había disipado, me sentía protegido.

Ver hacia arriba la distancia recorrida era una experiencia sobrecogedora, la luz  parecía perderse a la distancia, y mientras nos adentrábamos en la cueva entendíamos nuestra nueva realidad: la total oscuridad.

Armamos el campamento y junto a un equipo de avanzada, que no estaba totalmente relacionado con el equipo de filmación, nos adelantamos, hasta llegar a una fuente de agua natural, un manantial subterráneo de aguas cristalinas y refrescantes. Era incómodo tener los anteojos, ya que debido a la humedad y la transpiración se empañaban con facilidad, fue entonces que hice el primero de los descubrimientos en torno a mi biología: En ausencia total de luz, mis ojos se adaptaban con mucha facilidad a la oscuridad, permitiendo que pudiera ver incluso sin anteojos. Cuando meses después investigaba sobre este fenómeno, encontré información sobre la luekodermia, situación que deja los ojos expuestos a daños por la luz solar, pero también permiten ver con claridad en la oscuridad, lo que por supuesto no es el caso específico, pero tiene relación.

Recargamos algunas botellas grandes con agua, y nos detuvimos a explorar en el llamado cementerio de estalactitas y estalagmitas, en la cosmovisión shuar, las cuevas son los lugares sagrados donde moran los espíritus ancestrales y que una forma de propiciarlos (lo cual seguí) es decir en voz alta: Yo soy.., hijo de…, nieto de… que a su vez fue hijo de…, como una manera de reconocerse en el infinito, en el pasado y futuro que confluyen en esta dimensión.

Regresamos al campamento, y se coordinó las tomas para el día siguiente. Decir día siguiente era algo relativo, ya que en esa oscuridad daba lo mismo que sea de día o de noche.

Estaba cansado, acepté una ración militar y me metí en mi carpa iglú a descansar un poco, la intención era descansar unos minutos, asearme, luego cambiarme la ropa húmeda por una seca, inflar una almohada plástica que tenía en mi mochila y dormir algunas horas. Sin embargo en mi descanso me sentí muy relajado, me sentía limpio y como si mi cabeza estuviera asentada en una cómoda almohada, cuando entreabrí mis ojos me ví recostado en las piernas de una mujer de gran tamaño, que a manera de madre me acogía, pude ver que su piel era muy blanca y tan fina que pequeñas venas se vislumbraban; en ese preciso momento, algo hizo que regrese a la “realidad” o lo que me han enseñado que es la realidad: estaba con la ropa húmeda, sucio y con terribles calambres. La almohada no aparecía por ningún lado.

Me dije: tranquilo, eres un científico, lo que has experimentado no tiene comprobación, fue solo un sueño lúdico. Fue entonces que observé otro cambio en mi biología, y era una sensación de hormigueo a lo largo del cuerpo, como si cada uno de los poros se moviera independientemente y yo fuera consciente de eso.

Decidí callar entonces mi experiencia, algo que mantuve durante muchos meses.

Al día siguiente apoyamos al equipo de filmación en todo  lo que fuera necesario, mientras  tomaba el mayor número de fotografías. Había existido un acuerdo verbal con la productora de tener acceso al proceso de postproducción y por ende a los archivos de video sin editar, sin embargo algunas tomas no estarían de mas. El equipo fotográfico no era el mejor, pero cumplía su cometido, así que muchos rincones fueron fotografiados, la sorpresa vendría semanas después mientras se revisaba cada foto.

Al día siguiente avanzamos lentamente, para que se optimicen las tomas de video, aprovechando la iluminación de los equipos para ver los detalles circundantes. La primera parada fue la puerta Juan Móricz, cuyos ángulos rectos hacen estremecer, puede verse en el techo una estructura lisa, y al interior y al exterior lo que podría considerarse  piedras encajadas.  Luego avanzamos hasta el “cementerio de los antepasados”, lugar conocido por gran cantidad de estalactitas y estalagmitas, allí encontramos una estructura que intrigantemente reproducía a escala una estructura megalítica del interior de las cuevas. Luego avanzamos al lugar que la Expedición británica en el 76 denominaría “El anfiteatro” que posee una acústica impresionante, por lo cual no es descabellado considerar que pudiese ser una estructura que sirviese como teatro, debido a que tiene dos pequeñas cuevas que podrían haber servido de acceso y una plazoleta hemicircular de piedras pulidas, allí nos tomamos algunas fotos para que pueda verse el graderío.

Luego fuimos a una cascada, donde los shuaras nos advirtieron que a veces Arútam, o el espíritu que todo lo anima, se manifiesta en forma de un guerrero o de una serpiente de gran tamaño para probar la valentía de quien intente acercarse.  Por tal motivo el Sgto. Kamaján bautizó este lugar como “la cascada del arútam”. En ese lugar nos bañamos, los que nos arriesgamos a hacerlo. Una energía poderosa se siente en el agua; recordé en ese momento cuando en otro lugar, un grupo de hermanos indígenas me habían instruido sobre lo que ahora llamo “iniciaciones naturales” o cuando el espíritu protector de un determinado lugar, realiza un proceso de iniciación que muchas veces no es captado por el sujeto, sino que empieza a revelarse a través de sueños.

Regresamos al campamento y mientras almorzábamos (no sé si era de mañana o de noche) observé junto a unas lajas de piedra a un jaguar agazapado listo para atacar. Al acercarme, caí en cuenta de que era una estructura lítica que tenía esa forma, aunque con estructura muy básica.

No puedo explicarme por qué soñaba que me convertía en una especie de animal que se deslizaba velozmente entre las galerías, ni porque sentía la necesidad de sacarme los zapatos, la camisa y recorrer así, necesidad que tuve que refrenar para tranquilidad del equipo. Y me decía: ¿Me estoy acaso volviendo loco?, ¿por qué me siento tan a gusto en este lugar?, ¿por qué no siento que esta es la primera vez que he estado aquí sino que  simplemente estoy regresando a casa?

Esa madrugada se hicieron las tomas en video del lugar donde acampábamos, allí pude reconocer las fotografías que Gerardo Peña me había facilitado tiempo atrás, y algunas de las fotografías de la expedición inglesa que había conseguido gracias a algunos contactos.

La expedición se dividió en 3 partes, una se quedó en el campamento junto a Teleamazonas realizando tomas. Las 2 restantes, se dedicaron a explorar zonas inaccesibles.

Estábamos en estas actividades, cuando regresó Kamaján con Grefa a cuestas, quien se había fracturado el pie mientras exploraban una galería, que según las descripciones de ambos, tenía lo que parecían camas de piedra de colosales proporciones y en el centro un mapa lítico con indicaciones de cómo estaban estructuradas las galerías en el sistema de cavernas. Esto me hizo recordar el desciframiento epigráfico que había hecho años atrás sobre los petroglifos en lugares aledaños, donde en escritura ideográfica se daban pistas básicas de qué encontrar y hacia cuáles lugares moverse al interior. Por este motivo le dije a Kamaján que deseaba ir allá. Conversando con Grefa, supe que en 2 ocasiones anteriores había estado a punto de lesionarse, la primera de ellas al ingresar a la cueva, donde dice que sintió como que algo lo agarró de la pelvis y lo ubicó suavemente en el suelo. Grefa debía haber tomado eso como una advertencia. La segunda vez fue al caer pesadamente desde una altura de 4 metros, mientras exploraba una de las galerías en los subniveles que se encontraban en gran número en el lugar donde acampábamos.

Luego de que se evacuó a Grefa, regresé donde el cap. Flores e intentamos abrir una galería pequeña, que evidentemente había sido clausurada intencionalmente, con los medios que disponíamos era muy complicado, fotografíe en la parte superior, lo que semanas después descubriría eran incisiones de escritura muy parecida a la escritura sumeria lineal. No era tan descabellada la idea, Móricz lo había dicho y el área donde se encuentran la cuevas en un pasado remoto era llamada Shumir, que en lengua cañari  antigua significa “sabiduría de las montañas”.

El cabo Chamico junto a Piaguaje escalaron una entrada encima de una cascada, y se internaron por la misma para ver si habían peligro mas adelante, mientras yo seguía conversando con Kamaján sobre el mapa lítico y este me persuadía de ir considerando lo inestable del terreno. En ese momento un temblor sacudió el sistema y empezaron a caer piedras de gran tamaño, pero sin que esto ocurriese cerca a nosotros. Los shuaras que nos acompañaban decían alarmados: Es el iwianchi, está enojado porque estamos cerca a su casa. Pude percibir un sonido seco, algo orgánico, como si se tratase de un motor que se encendía. Algo digno de resaltar es que en el video editado por teleamazonas, a cuyo proceso de postproducción y/o videos sin editar nunca tuvimos acceso, se oye un sonido como de insectos. Un sonido como de ovación, muy parecido al que se escucha al principio de la canción “Wild Thing” de Jimmy Hendrix. Coincidencia o no, los ingleses en el mapa, que a regañadientes, dejaron en el Instituto Geográfico Militar en 1976, nombrar a la misma galería donde entraron Chamico y Paguaje como “The Wild Thing”

En ese mismo momento se escuchó  algo caer en el agua, al enfocar la luz nos dimos cuenta que era Chamico quien había saltado desde una altura de tres metros. Atrás lo seguía Piaguaje. El temor podía observarse en sus ojos. “Algo nos estaba observando, algo nos persiguió”, decían.

En el campamento, mientras Teleamazonas recogía sobre este asunto, los testimonios y declaraciones de los militares, otro grupo se arriesgó a regresar a la galería donde Grefa se había fracturado el pie y pudieron tomar evidencia fotográfica.

Nos dispusimos a descansar algunas horas, porque apenas amaneciera emprenderíamos el ascenso, que tomaría alrededor de 4 horas para todo el grupo. En ese momento al cambiarme de ropa  observé en mis antebrazos marcas de dedos, como si alguien me hubiera agarrado de ellos, en ese momento empecé a relacionar una serie de eventos que pasaron imperceptibles a la mayoría de quienes estaban allí, como cuando mientras todos descansaban me levanté a orinar y me arriesgué a ir en búsqueda de agua hasta la “cascada de arutam”, como ya conocía la ruta y la distancia no era mucha, me dispuse a ir, con esa sensación perenne de no sentirme solo, algo me animaba a seguir, empujaba mi espalda cuando me sentía cansado y en un momento dado cuando resbalé en la zona de las estalactitas, lo que daría como resultado una fatal caída de al menos 8 metros, fue lo que detuvo mi caída. Cuando miré, una estalagmita me había detenido, y por esa razón, ya que se había roto, la traje conmigo. Durante el sueño, un sueño intrigante no dejó que descansara, y no me permitió descansar durante semanas posteriores hasta que no  hice lo que se me pedía en el sueño que hiciera: Contactar a uno de los líderes de un grupo de contactados y decirle: ¿Por qué dejas que otros tomen tu experiencia y la repitan como si fuera propia?. No recuerdo si esas eran las palabras exactas, pero en todo caso el sueño cesó apenas cumplí la instrucción. Seguí soñando con las cuevas, que era un ser que corría velozmente y daba saltos al interior, que recorría con los hermanos shuar hasta llegar a un lugar donde el sol parecía estar al atardecer todo el tiempo, y había mucha vegetación y la tierra era de un extraño color rojizo. Seguí soñando y sigo soñando. La diferencia es que ahora entiendo que estos sueños son la forma de ver la realidad.

No soy un experto en las cuevas de los Tayos, no pienso escribir ningún libro sobre el tema. No voy a dar  conferencias sobre temas paranormales ni formar un grupo de contacto o una religión.  Este es el simplemente testimonio sincero de mi experiencia, sea esta comprobable o no. Puedo decir que el Manuel Palacios que bajó a Tayos no fue el mismo que subió. Algo se quebró, algo se reestructuró allà abajo. El 90 % de lo que soy ahora está determinado por esa expedición inolvidable de 60 horas. Por eso en mi ser, siempre está la canción de Susana.

Tayu, Tayu, Tayu  viñajei: Tayo, tayo, voy llegando!!
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3 pensamientos en “Viñajei Tayu

  1. Gabriel Vizuete

    “Seguí soñando y sigo soñando. La diferencia es que ahora entiendo que estos sueños son la forma de ver la realidad.”
    Amigo Manuel como te va? soy Gabriel Vizuete nos conocimos por facebook, aunq ahora ya lo cerre… espero que hayas podido realizar el viaje a Belgica!
    Intrigado por tus proyectos e investigaciones recorde que tenias este portal y asi poder seguir en contacto. Me gusto mucho la frase que aki copie. Muchos sueños nos hablan y/o predicen eventos, en muchos casos dejandonos confundidos o sin entender… Pero justamente esos sueños son los q nos alientan a caminar en el profundo y ahogante oscuro, porque esos sueños nos mueven el corazón y por tanto nos mueven en el mundo, buscando la llave para descifrar ese sueño que ahora construimos para que se haga realidad. Felicidades Manuelito, que te vaya muy bien y ojala podamos conocernos y participar en alguna expedición algun dia.

  2. Frank Ciampa

    Some of those same ogham-like symbols are found in northern Peru.

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