Entrevista a Gerardo Peña Matheus

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Durante la última década he cosechado una amistad con el Dr. Gerardo Peña Matheus. Transcurría el año 2009 y me encontraba en la ciudad de Quito, a donde asistía como ya lo había contado a dar inicialmente pequeñas conferencias sobre lingüística comparada entre el shillipanu y el magyar, sobre la colección Crespi y sobre las Cuevas de los Tayos; e intentando además alguna gestión con los organismos culturales gubernamentales. La condición económica en la que me encontraba distaba mucho de ser cómoda, y el alojamiento era proporcionado por Edgar Pazmiño en alguno de los apartamentos que alquilaba, donde me acomodaba en el suelo en un sleeping bag. La comida era austera y en muchas ocasiones gracias a la invitación de amigos investigadores. Así que en los momentos libres me dedicaba a recorrer los alrededores del norte de Quito, hasta el parque la Carolina, o caminar por la Universidad entrando a los pequeños escondrijos donde venden libros usados.

Justo esa mañana tenía tan solo tres dólares en el bolsillo, cuando hice un descubrimiento inesperado. Dentro del montón de libros, muchos de ellos sin cubierta, sobresalía uno que por su formato y encuadernamiento parecía más una tesis que un libro. Lo tomé con urgencia como si alguien me obligara a hacerlo, abrí la página donde constaba el título “Los antiguos húngaros”, es entonces cuando me fijo en el sello de propiedad del libro donde constaba una frase en húngaro que traducida al castellano nos indica que era parte de la Biblioteca personal de Juan Móricz.

Aproximadamente un año después, cuando recibí una invitación de Gerardo Peña Matheus y viajé a Guayaquil para encontrarlo en su oficina; cuando él me dijo que estaba buscando un libro que yo necesitaba leer llamado “Los antiguos húngaros”, yo le comenté que tenía ese libro en mi custodia y al mostrárselo (evidentemente en otra ocasión), le conté como había llegado el libro a mí.

– Este libro llegó a Ud. Porque Don Juan Móricz así lo quería. Con el tiempo sabría que ese hecho habría sido un pasaporte, una garantía para que se dé aquel encuentro y la colaboración que se desarrollaría en los siguientes años. Así fue con el pasar del tiempo me convertí, sin proponérmelo en una especie de heredero de los libros de Móricz, ya que muchas veces los hilos que nos mueven me llevaban hacia una u otra persona que, conociendo el trabajo que realizaba sobre lingüística y epigrafía comparada entre los pueblos americanos y el magyar, concluían la velada entregándome el valioso objeto: un ejemplar de la “János Móricz Konyvtar”.

Con este artículo dejo por sentado que no solo mi amigo está más actual que nunca, sino que genera aún hoy en día un interés mediático internacional. Lo confirma su participación en el Primer Congreso de Prehistoria realizado en el 2012 en Hungría y las entrevistas que a continuación reproduzco (Dar click)

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