LOS FENICIOS EN EL ANTIGUO ECUADOR II

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A la memoria de Hector Burgos Stone

 

 

 

 

Hace algunos años, cuando leí la obra de Erich Von Däniken “El mensaje de los dioses”, me intrigó un capítulo que lo dedicó exclusivamente al sacerdote salesiano Carlos Crespi Croci. Crespi, nacido en Italia. Estudió Ciencias Naturales en la Universidad de Milán, y fue asignado a la ciudad de Cuenca, en Ecuador, como misionero para los indígenas de la zona. Carlos Crespi dirigía un interesante museo en el Instituto Merchán, donde había coleccionado muchas piezas de piedra, cerámica y metal, que eran consideradas por varios investigadores como sumamente extrañas, porque en ellas aparecerían enigmáticas inscripciones del tipo fenicio y libio.

 

Pero desgraciadamente un incendio aparentemente intencionado por manos criminales, destruyó varias de estas piezas, consideradas únicas en la arqueología americana. El hecho ocurrió un 20 de julio de 1962.

 

Sin embargo, entre los objetos que se rescataron quedaron algunas interesantes planchas de metal y varias lápidas mortuorias, con esas raras inscripciones y símbolos.

 

La mayoría de estas piezas fueron obsequiadas por los indígenas al padre Crespi, como agradecimiento por su abnegada labor. Según Däniken que observó las piezas detenidamente en sus viajes a Cuenca, allí se podía observar planchas de plata de hasta 2,60 m de largo por 1,3 m de ancho con inscripciones y símbolos de lenguas antiguas del Asia.

 

Efectivamente, algunas muestras de estas planchas con inscripciones fueron estudiadas por el profesor Kanjibal, de la India, quien logró descifrar dicha escritura, identificándola como antigua escritura de los brahmanes de la India.

 

Posteriormente es el investigador Barry Fell, quien ha recorrido todo el mundo buscando epigrafías en acantilados y montañas, el que se interesó en estas lápidas con inscripciones. Una de esas lápidas, fue estudiada por el Dr. Clyde Keeler a pedido de Fell, el mismo que después de un largo estudio determinó que los signos eran escritura Libia, del siglo III a.C., en su estilo más depurado. Además en esta lápida aparecía la figura de un elefante africano, desconocido en América.

 

La gran mayoría de los investigadores llamados “serios” habían cuestionado la legitimidad de esas piezas arqueológicas, argumentando que eran falsificaciones, que los indios las hacían para agradar a un viejito bueno. Habría que preguntarse: ¿De dónde aprendieron los indios lenguas tan complejas aun para los críticos?

 

El tema había llegado a un cierto estancamiento, pero en el momento más oportuno llegó a mis manos la investigación que hizo un sacerdote llamado Manuel Molina sobre la vida y obra del padre Crespi. Molina aporta datos esclarecedores sobre el origen y significado de las lápidas y planchas que custodiaba el padre italiano.

 

En esa investigación, Molina señala que “fue el mismo Crespi quien encontró y desenterró cientos de lápidas mortuorias, muchas de las cuales tenían inscripciones; siendo el primer hallazgo de este género en la arqueología ecuatoriana, en un idioma que por sus características se asemeja al fenicio”. Crespi era un arqueólogo y etnólogo aficionado que se dedicaba seriamente a investigar.

 

 

 

De acuerdo a Molina, 200 copias de epigrafías fueron enviadas a expertos en los Estados Unidos, sin que se haya recibido contestación alguna. En 1971, Molina envió copias de estas inscripciones al lingüista Francisco Katsberger, de la Universidad de Salvador, en Argentina, quien luego de analizarlas manifestó que eran definitivamente elementos fenicios, mezclados con elementos indígenas, lo cual apoyó con 18 argumentos.

 

Estas lápidas fueron encontradas en las poblaciones de Sigsig Shillo y Chordeleg, en Azuay, también por el suizo Max Konanz, que con mucha dedicación recuperó  valiosas piezas algunas con símbolos y escrituras desconocidas. Otro dato interesante que se recoge en la tradición es que cuando se construía el aeropuerto de Cuenca, los operarios encontraron en el subsuelo una piedra triangular donde figuraba un sol en lo alto, debajo un elefante y bajo este una serie de símbolos similares a los que tenía la estela Crespi, siendo este dato de importancia capital para corroborar la autenticidad de este tipo de materiales con escrituras tipo fenicio.

 

Debo señalar que, a favor de la tesis de Crespi y Molina, está la opinión del destacado investigador cañarense Heriberto Rojas, quien textualmente manifiesta: “El reverendo padre Carlos Crespi Croci, fundador del museo arqueológico Salesiano, el 23 de abril de 1923, en Cuenca, encontró bloques de piedra con escritura aramaica, esto es de antes de Cristo. En este museo, uno de los mejores de la nación, existen centenares de objetos y esculturas en cerámica, piedra, cobre, plata y oro, de las civilizaciones etrusca, cretense y egipcia”.

 

“Todo esto ha sido hallado en Ingapirca, Narrio, Gualleturo, Guapán, Cojitambo, Deleg, Taday, Pindilig, Zhoray, Shungumarca, Chordeleg, Sigsig, Gualaquiza, El Valle, Gualaceo, Santa Isabel”.

Los  cañaris empleaban además bastoncillos con signos para enviar mensajes. En Chordeleg se encontraron algunas de esas cañas recubiertas de oro y plata sobre los que se distinguían signos parecidos a los signos mayas, principalmente en los alrededores del río Jubones. Pero no solo Crespi y Konanz encontraron planchas con inscripciones, y seguramente en Cañar deben existir ocultas, enterradas o en el exterior  planchas como la que se exhibía hasta hace pocos años en el Museo de HH:CC de la ciudad de Azogues donde  el investigador Angel María Iglesias nos comenta que “se exponía una pieza con todas las trazas de ser una escritura en cobre signos grabados en una tablilla de ese metal, a manera de letras colocadas, en línea rectas a manera de renglones cubren toda la tablilla en la parte superior aparece la cabeza y parte del cuerpo de una serpiente del indicado metal, no cabe duda de que la pieza pertenece a la cultura Cañar y no a ninguna otra…. Lo que demostraría el alto grado cultural por ellos alcanzado” Como dato anecdótico especial menciono que mientras  reunidos en una mesa del café Doral frente al correo en Guayaquil y sorprendido  me enteraba de la muerte de Juan Moricz justo el día anterior en ese mismo Hotel, uno de los que compartían el café entre otros temas mencionó que los Mormones no solo estaban interesados en las Cuevas de Los Tayos por las famosas planchas de oro sino que querían explorar cavernas desconocidas por la mayoría que contenían símbolos y escrituras en la zona de Cañar. Por eso creo sumamente importante esta zona porque  se podrían encontrar pistas sobre estas antiguas migraciones hacia y desde el antiguo Ecuador. Otro de los lugares donde se menciona que Carlos Crespi recolectaba también piezas de gran valor con ricas inscripciones era la zona de Limoyndanza en Morona Santiago  región de la Cueva de Los Tayos y esto es interesante porque según me comunicaron hace un tiempo en la actualidad un cura de la iglesia en esa zona tendría piedras similares. Que los antiguos americanos no poseían escritura es otra falacia de la historia como se deduce de este fragmento que nos cuenta el escritor ecuatoriano  Jorge Carrera Andrade:” mucho antes que Humboldt, un misionero franciscano fray Narciso Gilbay, perdido en la espesa selva amazónica vio a un anciano leyendo al pie de una palmera un libro de hojas de plátano cocido con hilos de pita a manera de infolios, ante un grupo de indígenas. El anciano le dijo que el libro contenía cosas secretas que no debían conocer los extranjeros. El fraile pudo sin embargo ver en las páginas algunos dibujos que representaban hombres y animales y muchos caracteres aislados, en líneas ordenadas y simétricas. La procedencia de esos infolios es aún un misterio. Esto nos da la idea que muchas de estas planchas con inscripciones tipo fenicia  sumeria o babilónicas eran conocidas por los habitantes del América y concretamente del Ecuador plasmando sus conocimientos y tradiciones en materiales duraderos como el metal o la piedra como también en sencillas hojas de plátano.

 

¿Pero quiénes eran los fenicios?

 

De acuerdo a la historia oficial, los fenicios aparecen al norte de Monte Carmelo, a lo largo de 200 Km., en las laderas del Líbano, y descienden al Mediterráneo. Surgen en el III milenio a.C. a lo largo del litoral Sirio. Cartago, la última gran ciudad fenicia de la antigüedad, es destruida en la tercera guerra púnica contra los poderosos romanos, en el 145 a.C.

 

Pero para autores más radicales, como Héctor Burgos Stone, los fenicios eran americanos que se establecieron en tiempos lejanos en el Asia, pero no olvidaron las rutas hacia su tierra madre, llegando al Ecuador, Brasil, Perú y muchos lugares de América para comerciar sus productos entre los que se encontraban especias, oro, y la famosa púrpura roja, tan codiciada por los pueblos allende el mar. O como nos deja saber Juan Moricz descubridor  oficial de la hoy  famosa cueva de Los Tayos así como los investigadores modernos como Ruth Rodriguez  o el epigrafista Manuel Palacios el reino de Zhumir o la antigua Sumeria estuvieron en lo que hoy sería el Cañar y Azuay. Antiguos sumerios remontaron los mares para llegar al Asia pero siempre estuvieron vinculados con la antigua madre, América la ancestral.

 

Otros autores como Montesinos, creían que los fenicios llegaban con regularidad a las tierras de Ophir, es decir Perú y Ecuador, para abastecerse de diversos productos y comercializarlos a buen precio en Asia y Europa.

 

La misma opinión tienen Sebastián Cubero y Gregorio García, quienes manifiestan “que las flotas de Salomón y de Hiram llegaban al actual Perú, llamado Ophir”.

 

Ophir correspondía en realidad tanto al Perú como al Ecuador, en la actual provincia del Oro. No olvidemos que en esa zona así como en la ruta que sube desde Zaruma y Portobelo hasta el Azuay y Cañar se encuentran las minas más importantes de oro del Ecuador.

 

Púnicos era un apelativo que viene del latín “punices”, voz cognada del griego ‘’fóinikoi’’, que significa “los que tiñen”, y este nombre se refería a los fenicios. Curiosamente, en lengua americana wanca, “Puno” significa rojo.

 

En el Ecuador existen algunos lugares que nos recuerdan el paso de los fenicios por estas tierras, como la isla Puná, habitada, por los punáes parientes de los púnicos. Balao, población costera en la provincia de El Oro, y que guarda estrecha relación con la divinidad Hatun Baal. Es de mencionar que el arqueólogo Zeballos Menéndez encontró en la isla Puná templos subterráneos de piedra donde los punáes adoraban a una divinidad conocida como Atumbal, parecido al Hadon Baal de los fenicios, que era adorado en la misma forma. La ruta Puná, Balao, Cañar, Azuay, definitivamente nos pone a reflexionar sobre el posible camino tomado por los mercaderes fenicios que explotaban el oro de las minas, quizás hasta en la selva Amazónica, donde se narra en las crónicas antiguas la existencia de fabulosas ciudades como la mítica “El Dorado” que tanto obsesionó a los españoles del Renacimiento. Por otro lado  Germán Rodríguez menciona que   la zona de Manabí aparte de ser visitada por viajeros como los Kitus y los Caras así como otras poblaciones del norte, sur y este  también pudo ser visitada por los antiguos fenicios  como un  sitio de aprovisionamiento.

 

Los fenicios o púnicos fueron famosos por su comercio de la púrpura, que según se sabe era extraída de unos caracolillos llamados múrex, cuya sangre es la más resistente tinta que existía y que era deseada por príncipes y reyes. Estos caracolillos se encontraban en abundancia en el golfo de Guayaquil, mientras que en el mundo antiguo era tan escaso, aunque había ciertas regiones en el Mediterráneo y Asia, no eran suficientes para la demanda. Tal era la abundancia que el historiador ecuatoriano Juan de Velasco hizo una apología de las bondades y calidad de esta noble tintura natural. Si todo lo expuesto es coherente, entonces los fenicios sacaban de estos lugares sus preciadas tinturas.

 

Y es que los fenicios, grandes navegantes del pasado, inventaron las fábulas de monstruos que devoraban las embarcaciones más allá de las columnas de Hércules. De que al final del mar los barcos se caían en un profundo abismo. Todo esto dicho con el ánimo de desalentar a la competencia y manejar el monopolio de tan preciados productos.

 

Las huellas de los fenicios en América han sido halladas desde USA, en inscripciones en acantilados y templos subterráneos, todos estudiados por investigadores como Barry Fell y otros, hasta Brasil, donde el explorador norteamericano Gene Savoy encontró inscripciones fenicias y semíticas en placas de piedra de más de 2 m. de altura, en agosto de 1989, en unas cuevas cerca de “El gran Vilaya”, a 660 Km. de Lima y 2.700 m. sobre el nivel del mar.

 

Para concluir, quiero indicar que los pueblos que trabajaron esas lápidas en el Azuay definitivamente fueron gentes que conocían otro entorno y cultura, y que llegaron del otro lado del mundo, pues en esas lápidas encontradas aparecen figuras de animales como el elefante Loxodonta Africana Blum, que no es de América, así como el hipopótamo y el pangolín, un tipo de mono de Asia. Mientras que los dioses locales de los cañaris eran el Oso de Tomebamba y el guacamayo de Pacaybamba.

 

La investigación debe continuar, buscando nuevas evidencias en tumbas, montañas y acantilados, para encontrar todas las pistas que nos permitan descubrir este enigmático hilo que une al hombre del Ecuador con el resto del mundo. Descubrir los puertos donde atracaban las embarcaciones o de donde partían a sus largos viajes siguiendo la ruta de la línea equinoccial a través de la contra corriente ecuatorial que regresa desde el sur de borneo frente al Ecuador. Lugares como el golfo de Guayaquil en Posorja y el lado de la provincia Del Oro, Salango, Bahia de Caráquez, Cabo Pasado, punta Barandúa entre otros deberían ser explorados con más interés para encontrar esas señas o las huellas de los antiguos navegantes del pasado. Tomar en serio las palabras de exploradores como el español Vital Alzar que fabricando una balsa a la antigua usanza , como la hicieron nuestros cholos manteño – huancavilcas remontó en los años 70 los océanos   llegando al otro lado del mundo y que cuando le pregunté en Guayaquil en una visita a Guayaquil en el año  2012 si creía que era posible que los antiguos americanos hayan alcanzado las costas lejanas de Europa, Asia , Africa u Oceanía me contestó: “Y el que no lo crea es un idiota lo que hoy es Ecuador fue el lugar donde se desarrolló la balsa y el sistema más avanzado de navegacíón del pasado y aun de este tiempo porque este sistema es realmente eficiente, asi que deben sentirse orgullosos de haber sido la cuna de la navegación mundial”  Pero donde están los arqueólogos para valorar estas afirmaciones de uno de los más grandes expertos en navegación antigua? ¿Qué tendrían que decir al respecto?. Callan y miran para otro lado porque la mayoría de ellos están manipulados por la historia y las academias mundiales. Ese reto lo tienen los futuros exploradores y arqueólogos con  una visión más amplia que no teman decir lo que entienden o descubren sobre cualquier autoridad del planeta. En ese sentido son más bien los exploradores independientes, los más audaces y radicales  a los que debemos agradecer porque gracias a ellos nuestra comprensión del mundo antiguo tiene otra imagen y los antiguos americanos otro horizonte y un sitio de honor  en la historia del mundo antiguo.

 

 

BIBLIOGRAFÍA

 

1.-Los Cañaris-  Angel María Iglesias

2.- La Nueva historia de Los Andes.  Tomo I  German Rodríguez Flor

3.- Amaraka mundo sin tiempo.-  Héctor Burgos Stone

4.- América A.C:.-  Barry Fell

5.- América en la prehistoria mundial. Influencia greco- fenicia

6.- Los Cañaris.  Manuel Molina

7.- Los fenicios en el Antiguo Ecuador ( articulo). Raymond Román Maugé

8.- El mensaje de Los dioses. Erick Von Daniken

9.- Nuestras Raices Huancavilcas. Francisco Zeballos

  1. Enigmas del Ecuador. Raymond Román

11.-Amerika Prohibida.- Manuel Palacios

  1. Videos de Ruth Rodriguez Sotomayor
  2. Historia Antigua.- Juan de Velasco

 

 

Articulo de Raymond Román Maugé

 

Playas de Villamil 4 de Agosto de 2014

 

*(artículo ampliado con nuevas informaciones)

 

 

 

Categorías: Uncategorized | 2 comentarios

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2 pensamientos en “LOS FENICIOS EN EL ANTIGUO ECUADOR II

  1. Luis Rif

    muy interesante su información.Saludos desde Catamayo ( Loja ). Y siga adelante

  2. fRANCISCO

    nO HA MENCIONADO LAS FIGURILLAS DE LA CULTURA jAMA-cOAQUE Y bAHIA.eSTAS SON A MI PARACER ESLABONES DE ESTA CADENA.

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