CUEVA DE LOS TAYOS: 50 AÑOS DESPUES

Por Manuel Palacios V.  y  Péter Hoványi

Todos los derechos reservados, no puede reproducirse ni citarse (En medios escritos y/o audiovisuales) sin el permiso por escrito de los autores 

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 1969. Para mucha gente, es solo un numero; un número, nada más. Pero tal vez más que un simple aňo.

Pronto recordamos, este año llegamos en la Luna. Quién fue? Ah sí, Neil Armstrong.

Este aňo es realmente importante para la exploración espacial, para E.E.U.U., para el Mundo, para la humanidad.

Sí, este año será memorable para todos. No se han producido otros eventos importantes en este año, lo cual – podemos decir – es suficiente.

¿Realmente no sucedió ningún otro hecho notable?

Ahora mismo, tres países tendrían que levantar la mano y postularse. Y en el mejor de los casos solo uno levanta la mano.

¿En qué países pienso? Ecuador, Hungría y Argentina. Quizás Hungría está por delante del año en su visión más oscura. ¿Qué fue entonces, y qué tiene que ver Hungría con esto? Muy bien, comencemos con:

Después de la guerra, un húngaro se vio obligado a emigrar primero a Francia y luego a Argentina. Pero nunca olvida su lengua materna, el magyar. Y para no olvidar su pasado, comienza a buscar acerca de él. Busca el origen de los húngaros. Estudia mapas contemporáneos y busca bibliotecas y archivos. Encuentra algo de contenido en viejas crónicas y  leyendas. Finalmente, encontrará un hilo muy delgado para comenzar deshilvanar el pasado enmarañado.

Al estudiar los mapas de Ecuador, notará que antiguos asentamientos, ciudades y regiones que son reconocidos para un oído húngaro. Ha estado en Ecuador varias veces desde la década de 1960, visitando personalmente los lugares marcados en los mapas y contactando a los nativos.

Su carácter, su peculiar resplandor, su mirada penetrante e inquisitiva hacen que la gente local sienta curiosidad. Sus historias sobre el origen de los húngaros son notadas por los nativos. Simpatía mutua, corazón abierto y honestidad. Estas nobles cualidades tradicionales resisten el paso del tiempo, y conducen a resultados. Los nativos los inician en sus secretos y los llevan a sus lugares sagrados.

 

Un 26 de julio de 1969, una expedición liderada por el húngaro nacionalizado argentino Janos Móricz Oppos, hizo historia. Integrada en su mayoría por ecuatorianos, se internó en las entrañas de la mítica “Cueva de Los Tayos” en el Oriente de nuestro país. La expedición estuvo conformada por: Juan Móricz como director y jefe, Gastón Fernández Borrero en calidad de representante del CETURIS; Gerardo Peña Matheus, asesor jurídico; Lilian Icaza, coordinadora; Hernán Fernández, fotógrafo; Mario Pólit y Pedro Luna, ayudantes, y el periodista chileno José Rojas. El departamento de Defensa y Comunicaciones se constituyó con los militares de ejército, capitán Carlos Guerrero Guerrón y Subteniente Ortiz, y los miembros de la Policía Nacional, sargento Herrera y agentes Benusiano y Sánchez.

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De parte de la comunidad shuar la ayuda y asesoría constante del gran uwishint (shaman) Juk´am, y de los líderes Najamtai, Guajarei (Kajekai), Pujupat, Bampus´Karai, ,  por citar algunos; dando respaldo a la necesidad de proteger este lugar.   Luego de analizar que ambiciones tanto de militares como de miembros de logias e iglesias extranjeras, decantaría en que tarde o temprano este lugar sea expoliado, deciden que es necesario registrar el descubrimiento. Ninguno de los nativos puede hacerlo pues al no contar con documento de identidad, no son reconocidos como ciudadanos ecuatorianos. No tienen derecho ante las leyes ecuatorianas. El consejo legal es registrarlo como un descubrimiento fortuito, sino cualquiera de estos grupos, como evidentemente lo hicieron, desconocerían el descubrimiento. La ambición humana es capaz de ignorar a los reales protagonistas.

Resulta interesante saber que no era la primera expedición que él realizaba a las cuevas, sino la primera con apoyo del gobierno realizada por Móricz, quien se encontraba en Ecuador desde  1964, y en 1967 había publicado un libro llamado “El origen americano de pueblos europeos”, donde demuestra con análisis lingüísticos que América en general y la zona  ecuatorial  en  particular es la cuna de pueblos europeos y asiáticos como los drávidas de la India, los Sumerio-fenicios, magyares, escitas, etc. En las provincias de Azuay, Cañar y Loja los topónimos y patronímicos Zumer, Shumir, Sumir y Zhumer.

El 24 de junio de 1969,  en Quito, hizo llegar al Presidente del Ecuador el siguiente Protocolo Notarial a través del Ministro de Finanzas:

“He descubierto (..) objetos preciosos de gran valor cultural e histórico para la Humanidad, que consisten en láminas metálicas que, elaboradas por el Hombre, contienen la relación histórica de toda una civilización perdida de la cual el género humano no tiene memoria ni indicios todavía. Tales objetos se encuentran agrupados dentro de variadas y distintas cuevas, siendo de diversas clases en cada una de ellas. (..) Los objetos por mí descubiertos tienen las características siguientes, las cuales he podido constatar personalmente:

1.- Objetos de piedra y metal en distintos tamaños, formas y colores.

2.- Láminas de metal grabadas con signos y escritura ideográfica, verdadera biblioteca metálica que contiene la relación cronológica de la historia de la Humanidad, el origen del Hombre sobre la Tierra y los conocimientos científicos de una civilización extinguida”.

Estas polémicas afirmaciones causaron que iniciaran una serie de ataques de parte de académicos que se oponían a la existencia de una avanzada (tecnológicamente) civilización de hace cientos de siglos en el Ecuador, que tuvo colonias en diferentes partes del mundo, hasta donde se movilizaba por vía marítima. Moricz, como autodidacta, no se regía a lo impuesto por el marco teórico facultativo que enseña que los grupos humanos llegaron a América a través del estrecho de Bering, al final del Pleistoceno, durante la última glaciación, para luego quedar aislados.

El intento de desprestigiar a Moricz culminaría con los exiguos resultados de la pomposa expedición de 1976, liderada por Stanley Hall,  que contó incluso con la presencia del astronauta Neil Armstrong; además de Dr. Mc Kerrill (químico) y Mejdahl (físico).  Snodgrass (arqueólogo), de la Universidad de Edimburgo. Mackenzie (histoplasmólogo); Frankland, de la U. de Lancaster, Bushnell (museólogo), de la U. de Cambridge. Prof. Harney (antropólogo) de la U. de New York

Si ustedes se preguntan por qué Moricz no participó en esta expedición, fue debido a la resistencia de los eruditos de que no tenía ningún título académico y a que él no se sentía seguro de que se cumpliesen con los requisitos que solicitaba como: La integración de una Junta Nacional de Notables, La presencia de observadores internacionales que dieran fe de los hallazgos, que se le concediera la jefatura de la expedición, la inviolabilidad de los objetos encontrados, es decir que no podía retirarse nada de la Cueva. Pero hay otra razón: Los ingleses querían hacer expediciones paralelas, una integrada casi exclusivamente por militares británicos y Gurkhas, auténticos mercenarios al servicio de la corona.

El interés científico era solo una pantalla, una distracción.

 Luego de esta expedición y sin oportunidad a debate se concluyó que:

“Las Cuevas de Los Tayos no constituyen un monumento arqueológico, como se ha venido afirmando en nuestros días, sino geológico.” (..)

“Las Cueva de los Tayos son formaciones geológicas milenarias cuya morfología natural no ha sido modificada por el hombre. Es un conjunto de cavernas o galerías subterráneas comunicadas entre sí, que tienen diversidad de dimensiones de ancho y en altura (..) los inmensos Túneles y Cámaras, con pisos de proporciones que parecen montañas, que causan  placer el explorarlas, fotografiarlas y medirlas, y que se las puede clasificar entre las más famosas de Sudamérica”.

Con esto que se cierra el ciclo conocido de la Cueva de los Tayos, afirmando que Moricz miente al decir que las cuevas fueron acondicionadas por una antiquisima civilización para refugiarse de una majestuosa inundación. Hay que resaltar además, que existe más de un testimonio de que los ingleses retiraron decenas de cajas selladas de la cueva, sin dar explicaciones y ante la resistencia de los shuaras.

Desde entonces, solo ha existido silencio.

Recapitulemos, luego de que mediados de los 60, llegara en circunstancias que esclareceremos cuando sea conveniente, al lugar que denominó Biblioteca Metálica,  Móricz regresa a Argentina para organizar una expedición oficial. Pero, sobre todo, busca mantener la protección total de los tesoros encontrados. Conociendo  la naturaleza humana, sabe que la presunción de un tesoro, el ansia por el oro, puede volverse aún más poderosa, y sabe que solo ante el pleno respeto de las garantías que ha exigido, puede revelar el secreto.

El lugar, las Cuevas de los Tayos, en sí mismo ofrece cierta protección, ya que se encuentra en los bosques orientales de Ecuador; y el área está custodiada por los famosos y célebres nativos ecuatorianos, los shuar. Otra ventaja es que es un sistema de cuevas con varias entradas y salidas.

Como Móricz sabe las mayorías entradas, sabe qué ruta es la correcta en el caso de la biblioteca metálica. Aprovecha este conocimiento cuando lleva a los representantes mormones en 1968. Consciente de la intención egoísta y retrógrada, termina cambiando el curso de la expedición y guiando al equipo a otra parte. Una suerte de “prueba al honor y ética”, que se repetiría en todas las expediciones posteriores.

Llega el momento en 1969 para informar al estado ecuatoriano sobre su descubrimiento. Visita a Gerardo Peña Matheus, un abogado guayaquileño, para preparar un anuncio formal del descubrimiento. Después de completar el documento notarial, se organiza la primera expedición oficial.

Lleva el grupo a la entrada de la Cueva Nankupas. Sin embargo, el comportamiento posterior de algunos de los miembros de la expedición entristece a Móricz, lo hace entender que lo que ha estado oculto por miles de años, bien puede estar oculto por miles de años más.

Después de eso se sucedieron una serie de personajes con ofrecimientos grandiosos y ambiciones igualmente grandiosas. Gracias a esto, el misterio continúa, y agradecemos a Móricz así lo haya hecho. Si decidió clausurar accesos y plantar evidencia que engañe a las ambiciones desmedidas, lo agradecemos de corazón.

 ¿Qué habría pasado si el descubrimiento llegara a manos de la Iglesia Mormona a mediados de los años 60? Probablemente nunca hubiéramos escuchado sobre las cueva de los Tayos, ni  sobre Juan Móricz.

¿Y si la Expedición 69 de Móricz hubiera completado con éxito la segunda parte? (La primera sólo tenía como objetivo verificar la existencia del mundo subterráneo, la segunda llevaría a los integrantes a la Biblioteca metálica)  Móricz habría recibido el apoyo y garantías del estado ecuatoriano para proteger la Biblioteca Metálica. Hoy, tal vez, como visionaba Móricz, existiría un museo de sitio e investigadores habrían ya decifrado el conocimiento de estas planchas metálicas con escritura ideográfica. La historia de la humanidad habría tomado un giro muy diferente al actual.

Y además en la portada de National Geographic,  no solo celebraría el 50 aniversario del alunizaje, sino también el maravilloso legado encontrado en Ecuador por un húngaro: János Móricz Opos.

 

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